r/escribir • u/Eastern-Ad-3152 • 1h ago
Debate sobre el contenido de mi texto Pido opinión si se capta el sentido del trauma
Este fue mi primer intento y se me acusó de ser generado por IA. Me puesto a investigar y metiendo un par de fallos o tres ya lo detecta como humano. Esto me lo decía un profesor, ahora los trabajos con erratas son como las manzanas con gusano. Pediría si alguien lo tiene a bien, indicarme si la narración es capaz de captar uno de los efectos del estres posttraumático porque muchas veces lo que uno ha vivido es lo más difícil de transmitir. Aclaro que yo nunca he combatido, pero si sufrido este tipo de estrés que como tal es eso, estrés, no una enfermedad incapacitante. Adjunto texto y "cerficado" de autoría no automática:
Horas después en selemlik (zona reservada a los hobres) el silencio solo lo rompía el suave rumor del Bósforo contra los cimientos del palacio de Dolmabahçe. Mehmed cerró la puerta de sus aposentos privados tras despedir al último criado. Apagó las luces quedando en penumbra junto a la gigantesca cama con sábanas. Los muros de la corte otomana dictaban que hombres y mujeres habitaran aposentos rigurosamente separados, e incluso en la intimidad de un matrimonio concertado como el suyo. Aunque tampoco era muy diferente de cómo habían dormido tradicionalmente los zares de Rusia o la lata nobleza del Imperio Austrohúngaro, caídos todos en desgracia ya.
Se despojó de la levita con movimientos mecánicos, dejó el fez sobre la cómoda y se sentó para quitarse los zapatos. El cansancio de discutir con Raif Efendi vigilando para que no se notara su desconfianza hacia quien era un espía del sultán, además de la decepción de los números en la banca extranjera fue disolviéndose en una agradable laxitud. El calor de la cama empezó a envolverlo, y una somnolencia plácida, casi balsámica, fue nublando sus sentidos rindiéndose al fin al sueño.
Entonces, la calma se desgarró sin previo aviso.
De la nada volvió a su mente aquel destello cegador, aquel estruendo y esa bofetada de calor, seguido del pitido punzante en los oídos que jamás lo abandonaría del todo.
Revivió el trueno seco del obús británico al estallar en el suelo de Palestina y regresó la imagen descarnada: a escasos centímetros de su rostro, el cuerpo de su compañero zapador deshaciéndose en jirones de carne, hueso y uniforme rasgado. Fue el último regalo de su compañero al interponerse en la trayectoria de la explosión, actuó como un parapeto humano absorbiendo la metralla y la onda expansiva, pagando con su vida para salvar la suya.
Como tantas otras veces, la memoria trajo de vuelta la silueta frenética que emergía del caos: aquel oficial otomano de caballería lanzado a la carrera entre el fuego cruzado, con su Luger en la mano, gritando su nombre para sacarlo en volandas de la carnicería.
Mehmed solo movió un poco la cabeza, pero fue suficiente para despertarse, como tantas otras veces.
