Hola amigos guatemaltecos.
Estoy aburrido en el trabajo y me dieron ganas de contar mi experiencia durante mi viaje de un mes en Guatemala. Yo soy de México, estuve un tiempo en Chiapas y de ahí viajé al Lago Atitlán en una van. Mi viaje consistía en hacer voluntariados a través de una app (Workaway) a cambio de hospedaje.
Llegué a Panajachel con una amiga española de un voluntariado anterior, ahí en Guatemala cada quien seguiría su propio rumbo. Llegamos ya noche. Invité a un grupo de chicas que venían en la van a buscar a algo de cenar con nosotros. Luego me di cuenta de que eran israelís, y fue mi primer encuentro con israelís en Guatemala, que luego me daría cuenta de que sería una constante durante mi viaje. Fue chistoso porque yo me sentía algo inseguro caminando por esas calles oscuras y desconocidas, cuando las chicas israelís mencionaron estar tomando vacaciones después de hacer su servicio militar, lo cual me hizo sentir más seguro. Llegamos por unos tacos, y no les miento amigos, esos han sido de los mejores tacos que he probado. Y eso que me pedí unos veganos :o, no me imagino los de carne. Quien iba a decir que un mexicano tenía que ir a Guatemala para probar unos de sus mejores tacos.
Mi primer voluntariado era en el poblado de Tzununa por ahí por el Lago. Era un albergue de perros. Estuve como 10 días ahí. Tengo sentimientos encontrados de la experiencia pues era hermoso y me encantó estar con los perritos pero también fue algo estresante. Pues dormía al aire libre en una hamaca y el dueño era un gringo de una moral que me parecía cuestionable. Compartía la experiencia con dos inglesas, una gringa y un francés. En el pueblo, siendo de los más pequeños del Lago, no hay más que pequeñas tiendas amigos, y el gringo en su casa no tenía nada de suplementos para hacer comida decente. Mi dieta esos días consistió en galletas Chiky, totopos y frijoles enlatados (en la cena el gringo sí nos hacía pasta o algo así a veces). Los perros comían mejor que yo. El baño era una pequeña caseta improvisada de láminas en la interperie. No había agua caliente y estaba harto sucio siempre. Pero bueno, no venía de los baños más decentes en Chiapas tampoco. Cabe aclarar que aun así me bañaba a diario, y era el único que lo hacía
Que por cierto, las galletas Chiky, que ricura y qué baratas! En México esas cosas tienen demasiados impuestos ya, entonces son somo como cuatro veces más caras. Ahí descubrí ese bellísimo licor: el Quezalteca. En el pueblo vendían la versión sin sabor, y me pareció increíble lo bueno y barato. Me tocó estar en una feria de pueblo: una experiencia muy rara de hombres borrachos bailando con música regional mexicana. Las mujeres no bailaban. Lo mejor de que hubo feria en el tiempo que estuve en el pueblo, fue que vendían comida y pude conseguir cenar algo masomenos decente: pízza (muy rica recuerdo).
Esas vistas amigos, el lago gigante y los 3 volcanes, los bellos cerros que los encobijan todo; qué mágicas, que impresionantes. Nunca voy a olvidar agarrar un grupo de perros del albergue y llevarlos a pasear cerro arriba y verlo todo desde ahí. Esos momentos hacían que todo lo demás valiera la pena.
No tuve oportunidad de conocer los otros poblados del Lago, pues el gringo a los pocos días de que llegué nos abandonó: tenía que regresar a Estados Unidos a renovar su visa. Esto no me lo dijo con anticipación, me dijo ya que estaba ahí. Entonces la responsabilidad del albergue quedó en nosotros. Tal vez debí ser más indiferente, pero todos estabamos juntos en esa situación, y no quise dejarles el trabajo a mis compañeros voluntarios. No es que fuera mucho trabajo todo el día, pero era estar pendiente todo el tiempo de los perros, que a veces se escapaban (maldito Kiwi, era todo un profesional). Llegaron a haber situaciones muy fuertes como un perro lastimando gravemente a otro. Al final todo salió bien, pero fue algo cansado.
Hubo una noche en la que llovió demasiado, tanto que la pequeña terraza con piso de tierra en la que dormíamos se empezó a inundar. Tengo grabada esa épica imagen del Francés y yo a mitad de la noche, cavando grietas para desviar el agua y salvaguardar nuestro refugio y el de los perritos. Al final logramos mantener un buen pedazo de suelo seco donde pudieron dormir los caninos y el francés en su bolsa de dormir. Yo feliz en la hamaca.
Sobre el albergue y su dueño: Voy a ser bastante crítico amigos. Este gringo llegó al Lago a cuidar la casa de un amigo suyo, donde se estuvo hospedando algunos meses. Le gustó la vida en el lago y ahí se dio cuenta de lo que a sus ojos era una problemática: en Guatemala había muchos perros viviendo en la calle! Entonces consiguió una casa para rentar donde empezó a meter perros de la calle. Inició su organización en redes sociales y a pedir donativos a sus conocidos para su buena causa. Los dolares de su país natal rendían muy bien para mantenerlo a él y a los perros. El dueño de la casa, no contento con que metan perros a su casa le ofreció un terreno aparte, donde podían vivir los perros libremente. Entonces había dos terrenos, uno donde estaba la casa y los perros delicados de salud y más pequeños y otro gran terreno donde estaban los perros mayores y más saludables y donde al gringo le daba por intentar construir cosas de vez en cuando mientras fumaba marihuana y comía Chikys. Era como su server de minecraft. A veces le ayudaba a "constuir". Yo dormía ahí en ese terreno, en una hamaca colgada en una terraza al aire libre, acompañado como de 15 perros y donde el francés se animó a dormir también. Estaba muy bien acompañado honestamente.
Pero la cosa es, el trabajo del gringo sí ayudaba y le salvo la vida a algunos perros de salud delicada, les ayudó a otros a encontrar casa en el extranjero y poder escapar del tecer mundo. Pero en gran parte, tenía encerrados a muchos perros saludables que vivían en la calle y que probablemente pertenecían a alguien, si no a la comunidad. Desde mi perspectiva, estaba privando a esos animales de su libertad para beneficio propio. Yo creo que lo que le hubiera venido bien, y yo se lo dije, era tener más contacto con la comunidad de Tzununa. Pues era muy ajeno al pueblo que lo rodeaba y vivía en una cámara de eco de extranjeros que engrandecíamos (me incluyo, en un principio) sus buenas obras.
El albergue ya no opera desde 2024. Me sorprende poco pues no me parecía que el dueño fuera la persona más disciplinada o dedicada a su labor de mundo.
Y hasta aquí por lo pronto, no sé si a alguien le haya interesado la biblia de texto que me aventé pero a mí me gustó escribirlo. Si a alguien le interesa puedo escribir de mi experiencia en Antigua y en la ciudad de Guatemala :)