r/askspain me manda aqui:
Estoy tratando de contestar a esta pregunta escribiendo un libro de supervivencia en Alaska. También me gustaría saber si una historia como esta os parecería interesante.
Antes de perseguir el sueño americano en Alaska, tuve que escapar de lo que yo llamo «la asfixia de la siesta».
Mi vida en España se había convertido en una existencia sin propósito, sin ganas de salir a la calle y sin demasiadas ilusiones por el futuro. Vivía encerrado en la habitación que alquilaba, con la persiana medio bajada y rodeado de ventiladores que removían el aire caliente del verano mientras yo sentía que me ahogaba de calor.
Tenía la sensación de que en España no había posibilidades de prosperar y de que, si me quedaba allí, acabaría estancado en una vida de amargura.
Necesitaba un cambio radical. No quería seguir viviendo de aquella manera, así que empecé a buscar países donde hiciera mucho frío, lo que yo llamo «el invierno eterno», y donde tuviera posibilidades de ganar dinero. Quería tener mi casa, una pareja y una vida con significado y propósito.
Como me habían vendido Estados Unidos como la tierra de las oportunidades, la libertad y la prosperidad, acabé fijándome en Alaska, donde, con su clima, podría vivir en mi invierno eterno.
Mi experiencia en Alaska
Mi experiencia en Alaska incluye unas vacaciones de ensueño, sobrevolar un glaciar en avioneta, largos viajes por carretera, relaciones románticas intensas y complejas, paisajes espectaculares, naturaleza extrema, animales salvajes, un refugio de perros de trineo, veranos con 22 horas de luz solar, excursiones a la montaña, disparar armas de fuego por primera vez, espiritualidad mística, autoconocimiento, ver las auroras boreales, choques culturales entre España y Estados Unidos, visitar el pueblo donde casi todos los habitantes viven en el mismo edificio, cabañas secas en medio de la nada, pescar mi primer pez en un lago helado, ir de acampada, comer carne de alce… entre otras cosas.
Pero hay una cara de Alaska que rara vez aparece en las redes sociales, en las fotos o en las postales increíbles. Una cara que, sinceramente, ¡espero que nadie tenga que vivir jamás!
Aquí es cuando te das de morros contra el asfalto y dejas de soñar, porque lo que estás a punto de vivir es una auténtica pesadilla americana.
Hubo un momento en que el suelo tembló bajo mis pies, metafóricamente y también en la vida real, con el seísmo de magnitud 6 que viví el pasado día de Acción de Gracias.
Pero el terremoto fue un soplo de aire comparado con otras cosas que viví: me encontré en una situación de explotación y vulnerabilidad que jamás imaginé vivir. Gracias a mis amigos conseguí escapar. Por haber vivido lo invivible pude solicitar una visa para quedarme a vivir en mi invierno eterno.
Yo vine a Estados Unidos pensando en hacer mucho dinero y encontrar el amor de mi vida y el «amor de mi visa». Pero no conseguí ni lo uno ni lo otro.
Para sobrevivir, hacía trabajos precarios por el salario mínimo: de limpieza y de dependiente en la tienda de quien creía que era mi amigo. Finalmente, este me despidió y, unos meses después, acabé viviendo en un albergue para personas sin hogar a 9.000 km de Barcelona.
Luego acabé ingresado en el hospital siete días y viviendo lo peor del sistema sanitario estadounidense.
Sobrevivir en Alaska
La superficie de Alaska es 2,5 veces mayor que la de España. Aquí las distancias son extremadamente grandes. El transporte público es bastante precario y desplazarte un día de nieve es casi misión imposible. A veces tienes que caminar por la carretera con un chaleco reflectante, como recomienda la DGT, para que los coches te vean y no te atropellen.
Mi día a día en Alaska es supervivencia en un país en el que no domino el idioma. Me saco el equivalente al high school de Estados Unidos (el famoso GED), ya que la ESO no me servía. Perfecciono mi inglés en clases mientras sobrevivo a los inviernos disfrazado del muñeco Michelin para no morir de hipotermia, con crampones en los pies para no resbalarme con el hielo.
Tengo que luchar contra lo que yo llamo «la trinidad del hielo»:
El hielo de las calles: vigilar dónde pisas para no resbalarte y acabar en el suelo.
Los muros de hielo emocionales: los que levantan algunas personas y que pueden resultar mucho más difíciles de atravesar que una tormenta de nieve.
Y el hielo más peligroso de todos: ICE, las siglas de Immigration and Customs Enforcement, la agencia estadounidense encargada de hacer cumplir las leyes de inmigración y aduanas.
Estuve enfermo con la gripe A y después empalmé con otro virus durante dos meses. Cuando vives en un albergue de indigentes, los virus y las toses se propagan como la peste. Además, exponerte a temperaturas bajo cero cuando tienes que salir a la calle tampoco ayuda.
La soledad
Luego tenemos a mi amiga la Soledad. «La Sole», esa gran desconocida de la que casi nadie habla cuando te venden el sueño americano.
Experimentar la soledad extrema es realmente duro y después de vivir tantos traumas ya no sabes en quién confiar.
Durante esta experiencia, sacada de una serie de Netflix, conocí a grandes personas, pero también conocí lo peor de lo peor.
A veces pienso en anestesiar todo mi dolor y sufrimiento con alguna droga o conducta de riesgo. Pero el problema de base no se eliminaría y el vacío y la tristeza, tarde o temprano, si no los enfrentas, volverán a salir. Y ahora tendrás dos problemas que solucionar.
Rendirme es algo que no entra en mis planes.
Cuando todo lo de tu exterior tiembla y se va derrumbando todo con efecto dominó, perder un trabajo, perder el hogar, enfermar, perder tu identidad, perder las personas que creías que eran tus amigos… solo te queda mirar hacia dentro para contestar: «¿Quién soy yo cuando me lo quitan todo?». Y la respuesta es algo que da mucho vértigo.
Hice un trabajo personal de autodescubrimiento y decidí emprender con lo poco que tengo y desde la precariedad de mi situación: monetizando lo que mejor se me da, el arte, y creando una pequeña LLC. Con el propósito de transformar el sufrimiento en significado a través de algo que me pueda ayudar a salir adelante mientras trato de revelar luz a través de la oscuridad.
Con el tiempo me di cuenta de que Estados Unidos no me ha dado riqueza (sigo en un albergue de indigentes), pero me ha dado una historia que creo que merece ser contada. Esto que veis aquí es solo una pequeña parte de lo que quiero contar en este futuro libro.
Ahora me gustaría saber qué os parece la historia.
¿Os interesaría leer un libro así?
¿Qué parte de la historia os ha llamado más la atención y creéis que debería tratarse con más profundidad?
¿Tenéis alguna pregunta a la que mis crónicas reales puedan responder?
¿Creéis que hay interés por las historias reales que muestran la cara menos idílica del sueño americano?